jueves, 13 de septiembre de 2012

El crimen de la calle Verbena. Cuestión de tiempo


Empiezo este blog escribiendo sobre algo que esperaba desde hace tiempo y que en parte me resarce del mal rato que pasé en su momento.

Rufino Arnanz, de 54 años, murió apuñalado a escasos metros de su vivienda, en el número 7 de la calle Nicasio Pérez. Ocurrió el 21 de noviembre de 2011, un día después de las elecciones generales. El hombre, acababa de salir del portal y se disponía a subir a su vehículo cuando fue abordado por un encapuchado que le apuñaló dos veces, una de ellas en el corazón. Se llevó una riñonera con apenas 30 euros y huyó a la carrera por la calle Verbena.

En principio, el Grupo de Homicidios de la Policía Nacional afrontó el caso con el atraco como hipótesis fundamental. Pero no porque estuviese claro que había sido un atraco, sino porque no había pistas que indicasen lo contrario. La víctima, casada y con dos hijos, tenía una vida tranquila y normal, y nada hacía pensar que en su trabajo como técnico agrícola se hubiese creado enemigos. Todo lo contrario. Tal y como me comentó uno de sus compañeros, era muy fácil trabajar con Rufino precisamente por su carácter afable.

Aún así, los responsables de la investigación insistían en que no descartaban ninguna hipótesis. Yo tampoco. Pasé muchas horas en la calle donde se cometió el crimen y me resistí a pensar en un atraco por varios detalles:

 

1-Si el atraco lo cometió un yonki, dada la violencia empleada y que podría atribuirse al síndrome de abstinencia: ¿Por qué eligió a un hombre y no a una mujer? ¿por qué además optó por un hombre que llevaba riñonera, que no puede arrancarse de un tirón?

 

2- ¿Por qué abordar a un hombre que acababa de salir de casa y no a alguien que hubiese sacado dinero del cajero que hacía esquina a unos 10 metros?

3-¿Por qué estaba abierta la puerta del copiloto? ¿podía buscar la víctima algo en la guantera? ¿iba a entrar el asesino en el coche?

La sensación que tuve era que el asesino había estado esperando a Rufino y que por supuesto no quería robarle sino matarle.

En cualquier caso, por prudencia, reflejé en mi artículo que pudo tratarse de un “desconcertante robo” sin descartar otras hipótesis. Aquí está el artículo

Días después el director del periódico me enseñaba la carta más desagradable que he recibido jamás. La cuñada de la víctima, indignada, arremetía contra mí por poner que no se descartaban otras hipótesis distintas al robo. No voy a contar aquí todas las barbaridades que me decía pero sí que me sorprendió que una mujer emplease argumentos tan machistas contra otra. Supongo que no tenía otra cosa a la que agarrarse. Querida Ana: ha tenido que pasar casi un año, pero ya ves que nada es lo que parece, y que yo sé muy bien lo que escribo, cómo lo escribo y por qué.

Hace algo más de un mes, la investigación se centraba en Zaragoza, donde se llegó a detener a un policía nacional como presunto autor de los hechos, si bien en estos momentos está en libertad con cargos. Una vez más, y por prudencia Ana, la que tú no tuviste, voy a omitir parte de la información que tengo, pero la relación de este agente con el crimen es un asunto sentimental. ¿Zaragoza y Valladolid? Pues sí, algún viaje se hizo a la capital aragonesa ¿o no Ana?. Pues eso.

En breve se irán conociendo más datos y yo los escribiré, porque ese es mi trabajo, contar la verdad aunque duela.

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