Empiezo este
blog escribiendo sobre algo que esperaba desde hace tiempo y que en parte me
resarce del mal rato que pasé en su momento.
Rufino
Arnanz, de 54 años, murió apuñalado a escasos metros de su vivienda, en el
número 7 de la calle Nicasio Pérez. Ocurrió el 21 de noviembre de 2011, un día
después de las elecciones generales. El hombre, acababa de salir del portal y
se disponía a subir a su vehículo cuando fue abordado por un encapuchado que le
apuñaló dos veces, una de ellas en el corazón. Se llevó una riñonera con apenas
30 euros y huyó a la carrera por la calle Verbena.
En
principio, el Grupo de Homicidios de la Policía Nacional afrontó el caso con el
atraco como hipótesis fundamental. Pero no porque estuviese claro que había
sido un atraco, sino porque no había pistas que indicasen lo contrario. La
víctima, casada y con dos hijos, tenía una vida tranquila y normal, y nada
hacía pensar que en su trabajo como técnico agrícola se hubiese creado
enemigos. Todo lo contrario. Tal y como me comentó uno de sus compañeros, era
muy fácil trabajar con Rufino precisamente por su carácter afable.
Aún así, los
responsables de la investigación insistían en que no descartaban ninguna
hipótesis. Yo tampoco. Pasé muchas horas en la calle donde se cometió el crimen
y me resistí a pensar en un atraco por varios detalles:
1-Si el
atraco lo cometió un yonki, dada la violencia empleada y que podría atribuirse
al síndrome de abstinencia: ¿Por qué eligió a un hombre y no a una mujer? ¿por
qué además optó por un hombre que llevaba riñonera, que no puede arrancarse de
un tirón?
2- ¿Por qué
abordar a un hombre que acababa de salir de casa y no a alguien que hubiese
sacado dinero del cajero que hacía esquina a unos 10 metros?
3-¿Por qué
estaba abierta la puerta del copiloto? ¿podía buscar la víctima algo en la
guantera? ¿iba a entrar el asesino en el coche?
La sensación
que tuve era que el asesino había estado esperando a Rufino y que por supuesto
no quería robarle sino matarle.
En cualquier
caso, por prudencia, reflejé en mi artículo que pudo tratarse de un “desconcertante
robo” sin descartar otras hipótesis. Aquí está el artículo
Días después
el director del periódico me enseñaba la carta más desagradable que he recibido
jamás. La cuñada de la víctima, indignada, arremetía contra mí por poner que no
se descartaban otras hipótesis distintas al robo. No voy a contar aquí todas
las barbaridades que me decía pero sí que me sorprendió que una mujer emplease
argumentos tan machistas contra otra. Supongo que no tenía otra cosa a la que
agarrarse. Querida Ana: ha tenido que pasar casi un año, pero ya ves que nada
es lo que parece, y que yo sé muy bien lo que escribo, cómo lo escribo y por
qué.
Hace algo
más de un mes, la investigación se centraba en Zaragoza, donde se llegó a
detener a un policía nacional como presunto autor de los hechos, si bien en
estos momentos está en libertad con cargos. Una vez más, y por prudencia Ana,
la que tú no tuviste, voy a omitir parte de la información que tengo, pero la
relación de este agente con el crimen es un asunto sentimental. ¿Zaragoza y
Valladolid? Pues sí, algún viaje se hizo a la capital aragonesa ¿o no Ana?.
Pues eso.
En breve se
irán conociendo más datos y yo los escribiré, porque ese es mi trabajo, contar
la verdad aunque duela.
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